Mi vida estaba planeada, incluso antes de conocerla tenía un camino, no digo que fuera el mejor, pero había un camino.
Cuando ella llegó mi camino cambió, era el camino a una nueva vida, una vida de amor, ella era perfecta.
Comencé a construir mi nueva vida, como una nueva casa, los cimientos de amor auguraban una construcción sólida y hermosa. Mi destino estaba siendo forjado en cada pared alta donde ibamos a colgar todos los recuerdos de nuestra vida, comencé a mover cosas en el trabajo, buscando una nueva sede, que pudiera atender mis compromisos pero poder tener la vida con ella de la tanto hablamos, se veía bien, se veía... perfecto.
Un día, un horrible día, desperté con nuestra casa destruida. Cada pared, cada rincon, cada espacio que había acomodado estaba hecho trizas, como si de un arrebato un meteorito hubiera impactado lo que con mucho amor, con mucha esperanza, con mucha emoción había construido. Fue sin compasión, sin miramientos, sin que a nadie le importara de qué estaba hecha, no eran "deseos", no eran "sueños", eran hechos que estaban en caminio, eran decisiones tomadas... las paredes eran solidas como cada paso hacia ella...
Me encuentro justo en medio de la casa destruida, mirando a todas partes los pedazos rotos, los cascajos, fotos hermosas ahora rotas, una chimenea que nunca pudo calentar nuestros rostros en el frío... y estoy solo... contemplando la despiadada escena con mis ojos llenos lágrimas... no se por donde comenzar, ni siquiera sé si tiene arreglo.
Busco entre los escombros alguna señal de ella, pronto me doy cuenta que no hay ninguna, se despidió de mi vida y hoy solo me quedan los pedazos de mi. No se ni por donde comenzar

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