Thursday, July 20, 2023

Carta desde el abismo

Dicen que la esperanza nunca muere, pero nadie explica cuando la esperanza es el dolor más grande que se puede sentir, tan grande que es mejor pensar que no la hay, que simplmente es mejor no desear, no creer y no sentir.

Llevar tanto a cuestas es dificil, no me quejo, yo soy el arquitecto de mi propio destino y sabía que encontrar una persona que me aceptara así sería algo casi imposible. Ella llegó como una fuerza de la naturaleza, un milagro, el primer haz de luz del amanecer en la noche más oscura, la brisa marina en tu primer momento en el mar...

No lo buscaba, no sabía que existía, no tenía idea de que alguien así podía existir, fuerte, enfocada, tenaz... segura. No vi a alguien superior ni inferior, vi a mi pareja ideal, aquella persona en la que podía confiar, el pilar bien cimentado en amor en momentos complicados... esa era la idea... por más fuertes que fuéramos siempre habría momentos de debilidad, uno aprende a sobreponerse, pero tener a esa persona que te pueda dar la mano, el hombro o ayudarte a levantarte fue el sueño hecho realidad. Y así fue por mucho tiempo.

Había distancia, pero había esperanza, había ausencia pero había un trabajo que hacer.

La decisión fue unilateral, no hubo diálogo, no hubo momento para debatir nada, de pronto mi paracaídas desapareció y estaba yo a gran altura, sin rumbo, sin combustible, cayendo en picada, nadie escuchó mis grito de auxilio, nadie supo de la agonía que significaba saber que iba a estrellarme.

Se que escribo con el dolor de la soledad, la agonía del corazón roto, con mi alma rota en mil pedazos... pero tal vez lo que más lastima es el mismo concepto de la esperanza: de haberla, ¿cómo podría confiar en alguien más? si la persona en la más confiaba, la mas cierta, la que consideraba un pilar me dejó a la deriva sin dialogar, sin un espacio para hablar. Si no la hay, al menos se que se acabó todo esto para mi, aquí, en el más profundo abismo no hay nada más que yo, no hay planes, no hay proyectos de vida, no hay quien protagonize los sueños, no hay forma de que duela más... la esperanza no acaba el dolor, es dolor... y es un paso que simplemente no tengo forma de dar.

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